martes, 13 de agosto de 2013

Algo muy grave va a suceder con PEMEX

algo muy grave va a suceder con pemex 
Para Gabo.

Imagínese usted un país variopinto donde hay una madre soltera, pero “de las luchonas”, que tiene dos hijos. El primero de ellos, “Rubencito” –como así le ha dicho su madre desde que lo tuvo en brazos– acaba de ingresar a la universidad y el segundo de ellos, Omar a secas, está por terminar el último año en la secundaria. Continuando con el ejercicio imaginativo, la señora comienza a servir la comida con gesto huraño en la cara, que bien podríamos traducir como un “cada vez alcanza para menos”. Mientras se disponen a comer, el hijo mayor rompe el silencio:

– Un compa de la escuela me dijo que algo muy grave va a suceder con PEMEX.

La madre se mostró indiferente, como si no hubiera escuchado las palabras de su Rubencito. Omar se preguntó a sí mismo de qué podría tratarse eso de PEMEX. Al final de la comida, la madre se levantó para llevar los trastos al lavaplatos, tomar sus cosas para el segundo trabajo, decirle a Omar que le confiscaría la consola de videojuegos hasta que terminara con su tarea y deberes en casa, y se despidió con una severa advertencia, mirada fija en los ojos de su más grande tesoro: “Donde me entere que andas de revoltoso en la universidad, te meto a trabajar”. La madre comienza las labores en su segundo trabajo como “asociada de ventas”, para una cadena de minisúper, y tira una caja con frascos de mayonesa que se disponía a acomodar, por lo que su compañera le dice:

–´Ora tú, ¿qué te trais?

La mujer se pendejea a sí misma, comienza a levantar los frascos que se salvaron de estrellarse en el piso y le responde a su compañera:

–Nada, sólo me quedé con la preocupación de algo que dijo mi hijo a la hora de la comida. Según le dijeron en la universidad que algo muy grave va a suceder con PEMEX.

Su compañera de trabajo niega con la cabeza mientras suelta una sonrisa, misma que no tardó en transformarse en una breve pero incrédula risa. Después de hacer corte de caja con la mamá de Rubencito, dicha compañera regresa a casa, donde ya se encuentra su esposo. Como queriendo transmitir la escena de la tarde, ella le dice:

–¿´Ora con qué crees que salió la Martha?
–¿Con qué? –respondió el esposo, quien veía televisión, más por seguirle la plática que por saber qué fue lo que había pasado.
–A la mensa se le cayó una caja de mayonesa que iba a rotar, tuvo que limpiar y pagar como tres que se rompieron del chingadazo y otros cuatro que quedaron estrellados y ya ves que así no se los lleva la gente.
–¿Y por qué se le cayeron? –volvió a preguntar, con el mismo tono indiferente, el esposo.
–Que por que según le dijeron a su hijo en la universidad que algo muy grave va a suceder con PEMEX.
–Pues igual y hay que hacerle caso al morro ese –respondió el esposo, para sorpresa de ella–.Ves que ahí en la universidad les dicen cosas que nosotros ni por enterados.

Entrada la mañana, el esposo sale al trabajo y se percata que no tiene gasolina suficiente para llegar, por lo que se dispone a cargar en la primera gasolinería que encuentra en su camino. Así lo hace y le dice al despachador:

–Échale cien pesos –y en el momento en que el despachador está por terminar de cargar gasolina, el esposo le grita para que lo escuche– Sabes qué, mejor ponle los trescientos pesos, porque andan diciendo que algo muy grave va a suceder con PEMEX y más vale prevenir que luego andarla mentando.

El despachador termina de cargarle gasolina, recibe el billete y entrega el cambio para, momentos después, decirle a todo aquel conductor que se estacionara en la bomba que él despachaba:

–Yo que usted, patrón, mejor llenaba el tanque porque la gente anda diciendo que algo muy grave va a suceder con PEMEX, y todos andan llenando sus tanques.

“Entonces llénelo, joven”, fue la frase que más escuchó en aquel día, además de ver acrecentados sus bolsillos con propinas en agradecimiento por decir su “información ultra secreta”. Viendo el resultado de aquel día, pronto pasa el consejo a su compañero de trabajo, y éste a otro y así hasta que todos los despachadores de la gasolinería lo decían a cuanto conductor cargaba gasolina, y éstos a los despachadores de otras gasolinerías, y así hasta que llegó el momento en que todos los ciudadanos del país tenían plena consciencia de que algo muy grave va a suceder con PEMEX. Los rumores llegan a oídos de millonarios que tienen contratos con la petrolera y a oídos de personas que trabajan para ésta, el rumor tambalea por unos instantes la bolsa nacional de valores y, según escucharon decirle a alguien, eso muy grave que va a suceder con PEMEX produjo una llamada del presidente vecino para preguntarle a su homólogo: How that something very serious is going to happen with PEMEX?

Intentando resarcir el daño, desmentir a propios y extraños, y apaciguar la calma de la ciudadanía, el presidente del país variopinto hace un anuncio, mediante el vocero de la presidencia a la prensa, de que daría un anunció en la noche con motivo de la “resiente preocupación que preocupa –así, tal cual– a los ciudadanos y ciudadanas”. A través de los medios de comunicación, la noticia del discurso del presidente se expandió casi a la misma velocidad que el rumor de que algo muy grave va a suceder con PEMEX. Para la tarde, en alguna de las cantinas del variopinto país, podía escucharse una plática:

–¿Qué será lo que tendrá que decir el preciso?
–¡Puras chingaderas, como siempre!
–Pero, date cuenta –contestó el primero–, nunca se había visto tan preocupado al presidente.
–Si siempre ha tenido esa cara de pendejo.
–Sí, pero ahora tiene cara de pendejo preocupado.

Para la noche, el país entero se concentraba en sus casas, escuelas, trabajos y demás lugares donde pudiera ver, o de menos escuchar, el anuncio presidencial:

–Ciudadanos muy buenas noches. Me dirijo a ustedes con la emoción pero sobretodo con la firme convicción de que el gobierno de la república hoy dará a conocer una noticia en relación a PEMEX y que resulta trascendental para el desarrollo de nuestro país…

Y todos los ciudadanos, expectantes, comienzan a decir para sus adentros y afueras:

–Valimos verga.
–Yo por eso les dije que no votaran por ese pendejo.
–Ya ni la muelan los que vendieron su voto por una pinche despensa.
–Ahora sí vamos a saber lo que es adorar a Dios en tierra de indios.
–¡Pinche sistema capitalista de mierda!
–PEMEX no se vende.
–Vale madres.

Y así, uno tras uno, exponen cada una de sus interpretaciones, mismas que llevan a todo el país a pensar en qué es lo que dirá el presidente. Y en uno de aquellos departamentos, de una de aquellas inhóspitas unidades habitacionales, de aquella mancha urbana, de aquel país variopinto con la ciudad más grande del mundo, un par de hermanos se encuentra viendo el anuncio presidencial por la televisión mientras se disponen a cenar. Y el mayor de ellos le dice al otro:


–¿Ves, Omar? Lo que me dijeron era cierto: Algo muy grave va a suceder con PEMEX, y mamá tachándome de revoltoso.

Rodrigo O´Gorman


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